El sector lechero nacional parece no tener respiro, mientras lucha con mucho esfuerzo para salir de una de las peores crisis de la historia, que ha dejado muchos productores por el camino, problemas ajenos a los productores parecen ponerle otro peso más a una mochila que ya está muy cargada. El conflicto generado por el cierre de la empresa de transporte Gelemind S.A., de Nuevo Berlín, que derivó en el derrame de 35.000 litros de leche, parece dejar en evidencia que el sector no soporta un problema más y es necesario que el Gobierno de señales claras de que quiere hacer con el sector.

Mientras a nivel interno la lechería trata de reponerse de la grave caída de precios internacionales, con un mercado que sigue mostrando señales de inestabilidad como queda evidenciado en las licitaciones de Fonterra, a nivel interno los productores arrastran una caída en la producción y costos cada vez más elevados. Con salarios al alza, un dólar en baja y precios externos que están muy lejos de los valores deseados, las posibilidades de los sectores exportadores, y entre ellos la lechería, son cada vez más escasas. El salario promedio en la economía uruguaya subió 23% en el último año y los precios externos tuvieron una baja muy importante. Esto hace que la situación de las industrias locales sea muy difícil.

La existencia de gremios fuertes puede impedir el despido de personal en el corto plazo, trasladando el problema a otros sectores más débiles o menos sindicalizados. Sin ir más lejos, buena parte del ajuste en la lechería se hizo por el lado de los productores, de los cuales se han perdido decenas, mientras en las plantas y el transporte, el cierre de una empresa y sus correspondientes despidos, conllevan a un conflicto inmediato. Sin embargo, cuando una industria se pierde, ejemplo el caso de Schreiber o Ecolat, no hay más sindicato ni empleo ni producción. No tener en cuenta esto, no está bien. Parece que a los sindicalistas de la industria y el transporte lácteo esto no les importa.

Wilson Cabrera agregó que “nosotros no podemos parar de producir. Estamos atados de pies y manos y nadie nos trata especialmente por eso; peor aún, sino miren lo que nos está pasando”. Recordemos que tras 30 años de crecimiento ininterrumpido a razón de 4% anual, el sector cayó en 2016 un 10%, con una disminución de las exportaciones que alcanza el 30%, una reducción de 8% en el número de tamberos y un incremento de la deuda bancaria que hoy asciende a los US$ 350 millones.


Lea el informe completo en Revista ANPL N° 17